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    Los sonidos chirriantes de... la guerra, se hacen progresivamente cada vez más llamativos, incitantes, justicieros. 

    La humanidad –en idea global- parece estar... cansada de un recorrido de fracasos. 

    Y pudiera ser que, en base a ese acúmulo de distorsiones, corrupciones, maltratos, competencias, exigencias, racismos, pre-juicios..., como consecuencia de todo ello, se estuviera gestando una destrucción de todo ese deterioro. 

    Parecería una contradicción. Sí, porque ese sonido chirriante de guerra destruiría más. Sí. Cierto... Destruiría más y más. 

    Pero ese es un mecanismo que la humanidad ha empleado –y no necesariamente tiene que ser así ahora-... que ha empleado en los momentos de deterioro: acabar con el deterioro. Y acabar con ello significa destruirlo. 

    En ese caso, hasta podría decirse que no es tan mala la guerra. 

    Después parecen surgir –como así ocurre- reconstrucciones, entusiasmos, novedades... 

    Casi se podría decir que es cíclico. 

    Aunque bajo la óptica del Sentido Orante, en la evolución de la conciencia, no hemos culminado nuestra proyección. En consecuencia, las repeticiones son aparentes. No son iguales. Pero sí que los mecanismos generales son parecidos. 

    Esto conlleva un equivalente personal. Sí. Porque esas chirriantes y sonoras perspectivas guerreras se han hecho en base a... aglomerados personales. 

    En consecuencia, la Llamada Orante nos advierte... sobre qué posición se corresponde –en el estar, en el convivir, en el hacer, en el buscar-, para no caer en esa tentadora destrucción... para surgir como el ave fénix en una innovación. 

    Ya, es fácil darse cuenta de la progresiva, fácil... destrucción y deterioro. Y según avanza el modo de estar, el estilo de vida, se hace más fácil. Y se hace más difícil lo virtuoso, lo cuidadoso, lo claro, lo exquisito.

    Claro, la oferta social, cultural, ambiental, es la fricción, la controversia, la competencia, la ganancia, la seguridad... 

    Poderosa. Muy poderosa. 

    Y no se trata de combatirla. Sería un grave error. 

    Se trata de posicionarse de otra manera; de otra manera que se corresponda con... nuestra naturaleza, esa que no acabamos aún de conocer cuál es. Y ni nos conocemos, ni conocemos. 

    Pero todo parecería indicar, desde esta otra visual, que sí, somos seres sociales... que actuamos en comunión, que producimos acciones para salvaguardar nuestra permanencia. 

    Que ante necesidades globales somos solidarios, somos partidarios de... ayudar. 

    También somos seres sensibles, que nos emocionamos, nos atraemos... 

    También podría decirse que somos cuidadosos con lo débil, lo pequeño, lo necesitado... 

    También podría decirse que somos dados a imaginar, fantasear...; a sentirnos, en alguna medida, en eso que llamamos “Universo”.

    Y así podríamos añadir algunas pequeñas cosas más, que no actúan de forma constante y continua, sino de forma intermitente. 

    Y con ese bagaje –e insisto, algunos más detalles-, probablemente se puedan desarrollar, establecer –y de hecho se intenta- otras formas de estar, de promover, de hacernos notar, en nosotros mismos y en el entorno, que no es preciso, obligado, sistémico y cíclico el caer en la ignominia del chirriar de la guerra, para purificar el deterioro... y volver a empezar una nueva era. 

    Y cierto es que siempre han aparecido pequeños núcleos de consciencia, de estar, de hacer, que, sin desafiar a las contiendas, desarrollaban lo mejor de las consciencias, en su amparo, en su cuido, en su calma, en su entrega. 

    Pequeñas posiciones de consciencia que preservaban y preservan algunas condiciones de la naturaleza del ser, que no entran en los ritmos de la pureza guerrera, de la purificación del chirriar de los cañones o la violencia establecida. 

    Seguramente, por místicas experiencias, la historia de la humanidad nos muestra que el Misterio Creador, simultáneamente, en la infinitud de todo lo creado, se muestra en las infinitas vías de posibilidades y en los elementos que las van a desarrollar –como cada uno de los seres-. Nos puede resultar fantástico o ilusorio o imaginario, pero hasta ahora es la mejor versión que se ha traslucido, de la mística del Misterio Creador.

    Y es por ello que nos corresponde, en la vía de la sanación, posicionarnos. Posicionarnos en dimensiones muy diferentes a las que se imponen diariamente, teniendo especial, muy especial cuidado de no crear fricción, de no producir enfrentamiento, de no defenderse sino reafirmarse. 

    El avance progresivo, en cada ocasión en la que el ser tenga la posibilidad de aclarar, mostrar, descubrir, aprender, escuchar, proponer, sugerir, debe ser prontamente participativo. 

    La espera es una virtud, pero el desespero es una catástrofe. 

    En consecuencia, el saber esperar... descubre con facilidad los momentos y las oportunidades para saber que ha llegado la ocasión, saber que se encuentra ante una opción. 

    Y si, aún sabiéndolo, no se ejercita, entrará en el desespero.

    ***

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    The screeching sounds of... war become progressively more striking, inciting, righteous.

    Humanity -in general terms- seems to be... tired of a series of failures.

    And it could be that, based on this accumulation of distortions, corruptions, mistreatment, competitions, demands, racism, pre-judgments..., as a consequence of all this, a destruction of all that deterioration is brewing.

    It would seem a contradiction. Yes, because that screeching sound of war would destroy more. Yes. True... It would destroy more and more.

    But that is a mechanism that humanity has used -and it does not necessarily have to be that way now-... that it has used in moments of deterioration: ending the deterioration. And ending it means destroying it.

    In that case, one could even say that war is not so bad.

    After –as it happens- reconstructions, enthusiasms, novelties seem to arise...

    You could almost say that it is cyclical.

    Although from the perspective of the Prayerful Sense, in the evolution of consciousness, we have not completed our projection. Consequently, repetitions are apparent. They are not the same. But the general mechanisms are similar.

    This carries a personal equivalent. Yes. Because those screeching warlike perspectives have been made based on... personal agglomerations.

    Consequently, the Prayer Call warns us... about what position corresponds -in being, in living together, in doing, in seeking-, in order not to fall into that tempting destruction... to emerge like the phoenix in an innovation.

    Already, it is easy to realize the progressive, easy... destruction and deterioration. And as the way of living, the lifestyle, progresses, it becomes easier. And what is virtuous, what is careful, what is clear, what is exquisite becomes more difficult.

    Of course, the social, cultural, environmental offer is friction, controversy, competition, profit, security...

    Powerful. Very powerful.

    And it's not about fighting it. It would be a serious mistake.

    It's about positioning ourselves in a different way; in another way that corresponds to... our nature, that which we have not yet fully known what it is. And we neither know ourselves, nor anything.

    But everything would seem to indicate, from this other perspective, that yes, we are social beings... that we act in communion, that we produce actions to safeguard our permanence.

    That in the face of global needs we are supportive, we are in favour of... helping.

    We are also sensitive beings, we are moved, we attract each other...

    It could also be said that we are careful with the weak, the small, the needy...

    It could also be said that we are given to imagining, fantasizing...; to feel, to some extent, in what we call “Universe”.

    And so, we could add some more little things, which do not act constantly and continuously, but intermittently.

    And with that baggage -and I insist, some more details-, we can probably develop, establish -and in fact we try- other ways of being, of promoting, of making ourselves noticed, in ourselves and in the environment, that it is not necessary, obligatory, systemic or cyclical to fall into the ignominy of the screeching of war, to purify the deterioration... and begin a new era again.

    And it is true that small nuclei of consciousness, of being, of doing, have always appeared that, without challenging the conflicts, developed the best of consciousness, in their protection, in their care, in their calm, in their dedication.

    Small positions of consciousness that preserved and preserve some conditions of the nature of being, that do not enter into the rhythms of warrior purity, of the purification of the screeching of cannons or established violence.

    Surely, through mystical experiences, the history of humanity shows us that the Creative Mystery, simultaneously, in the infinity of everything created, is shown in the infinite ways of possibilities and in the elements that are going to develop them –like each and every being-. It may seem fantastic or illusory or imaginary to us, but so far it is the best version that has been revealed, of the mystique of the Creative Mystery.

    And that is why it is up to us, on the path to healing, to position ourselves. Position ourselves in dimensions very different from those that are imposed daily, taking special, very special care not to create friction, not to produce confrontation, not to defend ourselves but to reaffirm ourselves.

    The progressive advance, on every occasion in which the being has the possibility of clarifying, showing, discovering, learning, listening, proposing, suggesting, must be promptly participatory.

    Waiting is a virtue, but despair is a catastrophe.

    Consequently, knowing how to wait... easily discovers the moments and opportunities to know that the occasion has arrived, to know that you are faced with a choice. 

    And if, even knowing it, one does not exercise it, will enter into despair.

    ***

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    Y transcurren aconteceres de... dramas, tragedias y horrores que se mantienen, o que ocasionalmente aparecen como muestras de creencias, como muestras de dogmatismos, como muestras de filiación a... ¡a lo divino! 

    Es tal el nivel de autoestima, de poder y de suplantación que establece la egolatría personal, que ponen a la Creación por testigo de cualquier acción; sobre todo las que demuestran destrucción, las que muestran gravedad... para que sean lo más parecido a un castigo divino.

    ¿Castigo divino? 

    Ese nivel de vanidad humana, que puede alcanzar destrucciones y daños severos, no solamente se queda en esos casos excepcionales, sino que se hace “contagio”, en lo cotidiano. 

    ¡Sí! Cierto es que hay como un abismo entre el terror y el temor, pero... desde los más insignificantes hasta los más significados son capaces de amedrentar, de amenazar, al más puro “estilo divino”.

    Y hay que preguntarse –y pregunta, el Sentido y la Llamada Orante-: “¿De dónde procede ese criterio de... “el castigo divino”?”

    No sólo es atribuible a terremotos... volcanes... tormentas destructoras… –lo que se llaman “fenómenos naturales”- que en otro tiempo pudieran interpretarse, por la humanidad existente, como castigos. 

    Hoy ya eso no se sostiene. Pero tampoco se sostiene la idea de que eso no haya quedado en el subconsciente, y el hombre lo acoja como justificante de poder ejercer en ese sentido destructor, demoledor, en los muy, muy, muy diferentes niveles. 

    Y así, hace menos de un mes que se conmemoraban los atentados del 11M, en los que saltaban por los aires unos trenes que transportaban laborantes, trabajadores, trabajadoras... Y ahí se transmutaban 192, dicen las estadísticas. Y dicen también, los juristas, que lo hicieron en el nombre de... de lo divino, y que para celebrarlo se inmolaron. 

    Y ocurre, en estas dramáticas situaciones, que... se envuelven y se envuelven de rumores, los aconteceres, que finalmente quedan en recuerdos y en historias, sin saber en realidad qué ocurrió. 

    Es como decir: “Dios no tiene que dar cuentas de lo que hace ni por qué lo hace”.

    E igual que el mayor atentado cometido en la historia del hombre, por un Estado, como “Hiroshima y Nagasaki”, permanece impune por necesidades de la guerra, todos los demás atentados –de una intensidad menor, pero todos los demás- se han ido diluyendo, justificando, y quedando como... algún monumento que recuerde. 

    La Llamada Orante nos hace situarnos en aquello que nos desborda como ejercicio de poder, demoledor, para que tratemos de asumir, sin revancha, ese proceder que desborda las habituales violencias que cada ser establece con su entorno, en el nombre de defenderse o de atacar o de cualquier otra argucia de vanidad. 

    Es como decir –sin que sean equivalentes, claro, pero sí como reflejo de lo que cada ser se ejercita en su poderío cotidiano y en sus castigos y desprecios-: egoísmos vanidosos que parece que son normales. Si esos “normales” los elevamos a una potencia, los multiplicamos, culminan con... vidas en el aire. 

    El producir dolor... de muy diversa índole, es un mecanismo que se ha “institucionalizado” para mostrar la posición, la importancia… Y habitualmente tiene una respuesta similar o semejante, que puede ser indolente, ignorar, apartar…; actitudes igualmente violentas, pero con apariencias “civilizadas”. 

    Pareciera que a la humanidad se le ha olvidado que somos producto de un Amor arrebatado de la Creación, ¡somos producto de una carambola increíble que hace posible lo viviente!; y que esto viviente se sostiene en base a la solidaria concordancia, sintonía, armonía, colaboración, respeto, afectoamor

    Y que cada vez que ejercitamos el desamor, nos precipitamos a los abismos de la violencia. Sí: violencia hacia sí mismo, violencia hacia el entorno... de muy infinitas formas.

    Es una dramática conversión de una única expresión en la que “la materia prima” –por así decirlo-, el amor, cuando sorprende al humano y le impresiona, le fascina, pues bien, decide apoderarse de ello, no vaya a ser que se pierda, no vaya a ser que se lo quiten. 

    Y para ello emplea la violencia, según su criterio. 

    Y así, todavía en algunos países, las mujeres adoptan el nombre de “señora de”, como una posesión. 

    Es un ejemplo. 

    Pero que nos sirve para darnos cuenta de que, en la medida en que no se consigue tener, poseer... la idea, el proyecto, el ser, la entidad, la circunstancia amada, la respuesta es poder, violencia. De muy diversa índole, insisto.

    Pero no es la lucha entre el bien y el mal, no. 

    Es la contaminación de la bondad del ser: que se vuelve inquisitorial y reclama, según sus derechos, sus criterios y sus opiniones, lo que es “suyo”

    Es el “propietarismo” desolador; ese que acumula, que tiene, y que tiene que guardar, proteger, cuidar… 

    Estar “seguros”. 

    Y curiosamente, esa actitud de poder, que se hace violenta, también se dedica a asegurar lo posesivo, como un acto de clemencia. ¡Increíble! 

    La Llamada Orante nos reclama que la pérdida de atención, de alerta y de alarma… 

    Que en realidad no es “alarma”, sino que es “al-alma”. Es un simple cambio de una letra. 

    Un simple cambio que nos hace tomar el aRma de la envidia, del celo, del desprestigio, del insulto, etcétera, a la otra, al aLma –en vez de “al-arma”, “al-alma”-; en el que el alma trata de trascender, escuchar, respetar, atender, cuidar. 

    Y no es la solución condenar, castigar, encerrar... No. La solución es “almada”: “almar... al alma”. 

    Porque ese “almar al alma” nos sitúa en el plano de lo no articulado, de lo no legal, de lo no oficial. Nos sitúa en el plano creacional. 

    Nos hace posible vivir la Piedad, el Amparo, la Misericordia... y la Bondad Superior que gravita sobre lo viviente, gracias a lo cual está, existe. 

    Descubrirnos... en base a la Llamada Orante, que nos llama para que nos veamos en nuestras vanidades, importancias, demandas, exigencias..., que son los caldos de cultivo de poder, de castigo, de desprestigio, de... ¡prejuicios! Esos que conducen a la condena y al castigo: prejuician, enjuician, condenan y castigan... al vecino, al religioso, al político, al deportista o a cualquier otro. 

    Y eso ha llegado a considerarse... normal. 

    Incluso se habla de que son mecanismos de defensa, los prejuicios, los juicios, las condenas y el castigo consiguiente; porque van todo seguido: prejuicios, juicios, condenas, castigos... de pensamiento, palabra, obra u omisión. 

    Todo ese caldo de cultivo, cuando se hace “normal”, es un caldo de cultivo que se acrecienta, que ¡hierve!... y llega a momentos de explosión; que llega a ese drama que es la guerra: la mejor institución para destruir, ganar... y saltarse todas las prevenciones del cuido, del desarrollo del arte, de la belleza. Incluso se le llama y se dice que es un mecanismo “depurador”; que es necesario.

    La Llamada Orante nos llama para que no seamos gérmenes que promuevan, que sean caldos de cultivo –que seamos caldos de cultivo- de esa posición de suplantación de lo divino, en la que el poder es la máxima expresión; la violencia, la mejor ejecución; y el prejuicio, juicio, condena y castigo, la mejor decisión. 

    Como seres orantes que acuden a la Llamada Orante, debemos aplicarnos en esas perspectivas, en esas dimensiones.

    Dejar de condenar y de juzgar, pero sí evidenciar, para poder hablar y escuchar. 

    Y en ello y con ello establecer concordia, relación, colaboración, sintonía, afecto, amabilidad. 

    Tenemos todas las palabras necesarias para desarrollar nuestro instinto de santidad. ¡Todas!

    Nos reclaman orantemente que las ejercitemos.

    Todos los momentos son trascendentes. Y esta vivencia de “normalidades” debe revisarse, ponerse al día... y testimoniar nuestra esencia divina como servidores, como admiradores, como cultivadores de la belleza y de la sintonía. 

    “Es una posición inaplazable”. 

    Ámen.

    ***

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    And events of... dramas, tragedies and horrors occur that are maintained, or that occasionally appear as samples of beliefs, as samples of dogmatism, as samples of affiliation to... to the divine!

    The level of self-esteem, power and impersonation established by personal egomania is such that they put Creation as witness to any action; especially those that show destruction, those that show severity... to be the closest thing to a divine punishment.

    Divine punishment?

    This level of human vanity, which can lead to severe destruction and damage, not only remains in those exceptional cases, but also becomes “contagious” in everyday life.

    Yes! It is true that there is an abyss between terror and fear, but... from the most insignificant to the most significant, they are capable of intimidating, of threatening, in the purest "divine style".

    And we must ask ourselves –and asks, the Sense and the Prayerful Call–: “Where does this criterion of... “divine punishment” come from?”.

    It is not only attributable to earthquakes... volcanoes... destructive storms... -that are called "natural phenomena"- that in other times could be interpreted, by existing humanity, as punishments.

    Today that no longer holds true. But the idea that this has not remained in the subconscious, and that man accepts it as justification of being able to exercise in that destructive, devastating sense, at very, very, very different levels, does not hold up either.

    And so, less than a month ago the 11M attacks were commemorated, in which trains transporting male and female workers were blown up... And there, 192 were transmuted, according to statistics. And the jurists also say that they did it in the name of... the divine, and to celebrate it, they sacrificed themselves.

    And it happens, in these dramatic situations, that... they become enveloped and wrapped up in rumours, the events, which finally remain in memories and in stories, without really knowing what happened.

    It is like saying: “God does not have to account for what he does or why he does it”.

    And just as the greatest attack committed in the history of mankind, by a State, such as “Hiroshima and Nagasaki”, remains unpunished due to the needs of war, all the other attacks –of a lesser intensity, but all the others- have been diluted, justified, and remaining as... some monument to remember.

    The Prayer Call makes us place ourselves in what overwhelms us as an exercise of power, devastating, so that we try to assume, without revenge, that procedure that goes beyond the usual violence that each being establishes with its environment, in the name of defending itself or attacking or any other trick of vanity.

    It is like saying -without being equivalent, of course, but as a reflection of what each being exercises in their daily power and in their punishments and disdain-: vain selfishness that seems to be normal. If we raise these “normal” ones to a higher level, multiply them, they culminate in... lives in the air.

    Producing pain... of a very diverse nature, is a mechanism that has been “institutionalized” to show the position, the importance... And usually has a similar response, which can be indolent, ignore, push aside...; equally violent attitudes, but with “civilized” appearances.

    It seems that humanity has forgotten that we are the product of a Love taken from Creation, we are the result of an incredible coincidence that makes living things possible!; and that this living thing is sustained based on solidarity, concord, harmony, collaboration, respect, affectionlove.

    And every time we exercise lovelessness, we rush into the abysses of violence. Yes: violence towards oneself, violence towards the environment... in very infinite ways.

    It is a dramatic conversion of a single expression in which “the raw material” – so to speak-, love, when it surprises a human being and impresses him, fascinates him, well, he decides to take hold of it, lest it be lost, lest they take it away from him.

    And to do this he uses violence, according to his criteria.

    And so, still in some countries, women adopt the name “lady of” as a possession.

    It's an example.

    But what helps us to realize that, to the extent that we cannot manage to have, possess... the idea, the project, the being, the entity, the loved circumstance, the answer is power, violence. Of a very diverse nature, I insist.

    But it is not the fight between good and evil, no.

    It is the contamination of the goodness of the being: that it becomes inquisitorial and claims, according to its rights, its criteria and its opinions, what is “its own”.

    It is devastating “ownership"; the one that accumulates, that has, and has to save, protect, take care of...

    To be “secure". 

    And curiously, that attitude of power, which becomes violent, is also dedicated to securing the possessive, as an act of clemency. Incredible!

    The Prayer Call demands that the loss of attention, alertness and alarm…

    Which in reality is not “alarm”, but rather [1]“to-the-soul”. A simple change of letter.

    A simple change that makes us take the [2]weapon of envy, jealousy, discredit, insult, etc., to the other, to the soul –instead of “to-the-weapon”, “to-the-soul”-; in which the soul tries to transcend, listen, respect, attend, care.

    And the solution is not to condemn, punish, lock up... No. The solution is “souled”: “to soul... the soul”.

    Because that “souling the soul” places us on the plane of the unarticulated, the non-legal, the unofficial. It places us on the creational plane.

    It makes possible for us to experience Mercy, Protection, Compassion... and the Superior Goodness that gravitates over the living, thanks to which it exists.

    Discover ourselves... based on the Prayerful Call, which calls us to see ourselves in our vanities, self-importance, demands, exigencies..., which are the breeding grounds of power, of punishment, of discredit, of... prejudices! Those that lead to condemnation and punishment: they prejudice, judge, condemn and punish... the neighbour, the religious person, the politician, the athlete or anyone else.

    And that has come to be considered... normal.

    It is even said that prejudices, trials, convictions and the resulting punishment are defence mechanisms; because they all come together: prejudices, judgments, condemnations, punishments... in thought, word, deed or omission.

    All that breeding ground, when it becomes “normal”, is a breeding ground that increases, that boils!... and reaches moments of explosion; that comes to that drama that is war: the best institution to destroy, win... and skip over all the preventions of care, of the development of art, of beauty. It is even called and said to be a “purifying” mechanism; that is necessary.

    The Prayer Call calls us not to be germs that promote, that are breeding grounds –that we are breeding grounds- of that position of supplanting the divine, in which power is the highest expression; violence, the best execution; and prejudice, judgment, condemnation and punishment, the best decision.

    As praying beings that come to the Prayer Call, we must apply ourselves to those perspectives, in those dimensions.

    Stop condemning and judging, but to show evidence to be able to speak and listen.

    And in it and with it establish concord, relationship, collaboration, harmony, affection, kindness.

    We have all the words necessary to develop our instinct for holiness. All!

    They prayerfully demand that we exercise them.

    Every moment is transcendent. And this experience of “normalities” must be reviewed, updated... and bear witness to our divine essence as servants, as admirers, as cultivators of beauty and harmony.

    “It is a position that cannot be postponed.”

    Amen.

     

    [1] Wordplay between “alarma” which means alarm and “al alma” which means to the soul.

    [2] Wordplay between “arma” which means weapon and “alma” which means soul.

    ***

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    La Llamada Orante nos promueve hacia una sintonía con toda la materia viviente. 

    Y en un inicio –sin que exista tal inicio, pero para forma de comprensión-, esa sintonía se hace en la propia especie, para luego descubrir la evidente, necesaria e imprescindible sintonía con el entorno, que abarca lo que no es estrictamente humano. 

    Sintonizar implica entrar en un sentir común. Un sentir común de... apoyo, ayuda, solidaridad, auxilio, amparo... y ese largo etcétera que supone una con-vivencia.

    Y seguramente, en ese estado de sintonía al que nos lleva la Llamada Orante –y a la escucha-, en teoría hay acuerdo: se está de acuerdo en que sea así. Pero también se está en evidencia de que así no se está produciendo, sino que, más bien por el contrario, cada ser busca su sintonía con algún que otro ser –o con más-, pero rechaza, se opone, combate con otros que no son de su estirpe, localidad, costumbres, religiones, etcétera.

    Quizás… quizás nos equivocamos a la hora de ese sentir común. 

    Y si partiéramos de Caín y Abel, evidentemente no... no había un sentir común, ni en el Paraíso ni después, sino más bien todo lo contrario.

    Pero, no obstante, el hecho de que la especie –materia viviente humana- sea social, y se precisen los unos a los otros, aunque establezcan diferencias importantes, insolidarias, sin sentido común, podría ser un mecanismo o un proceso evolutivo. 

    “Podría”. Pero se hace... –para esta materia viviente humana- muy largo

    Y el equivalente de un segundo insolidario, despectivo y prejuicioso, puede equivaler a cientos de años de su eliminación. 

    Así que, por una parte, está lo “intelectualmente correcto”, por nuestras capacidades, y está lo sentimentalmente sectario, por otra. 

    Y como ejemplo universal, sería, ese intelectualmente correcto, “Ley de Derechos Humanos” –en el cual existen los derechos humanos-. Pero, sentimentalmente, los derechos están torcidos: “los torcidos humanos”. 

    Y no hace falta demostrarlo; es... ¡tan evidente! 

    Pero a la vez, la intelectualidad trata de lograr, de mejorar. 

    En realidad, es un proceso de acercamiento entre lo sentido y lo intelectual, entre el querer y el amar, entre el sentir y el pensar. Podemos encontrar la dualidad con mucha facilidad.

    Esa dualidad nos lleva a un racismo que va desde lo más –diríamos- “primario”, que es el racismo de especie: de especie masculina, con un racismo hacia la especie femenina. 

    Que tampoco hay que demostrar. Es evidente. 

    Y pareciera que uno piensa, y la otra siente. 

    Aunque en realidad los dos piensan y sienten, pero el predominio de una facción sobre otra, en los inicios de una especie sexuada, hace más difícil aún la sintonía, la reconciliación. 

    Y dada esa desproporción, lo sentido busca lo mental: desarrollarse en lo mental; y renunciando, en parte, a “lo sentido”. Y lo mental de lo masculino se hace más potente, y coloca a “lo sentido” en el espacio del esclavismo; de un esclavismo disimulado, ¡claro!, ligado fundamentalmente a la reproducción, que es –y se utiliza luego- como otra forma de dominio. Y ligado también al divertimento o al placer. 

    Eso está ahí. 

    Y la Llamada Orante nos reclama en ese primer punto que habitualmente se evita o se supone que está resuelto, y se pasa a otros puntos como... la laboriosidad, la equiparación, la igualdad… ¡Pero si lo anterior no está resuelto! ¿Cómo vamos a sintonizarnos con el entorno, si no hay sintonía, no hay sentir solidario en la propia materia viviente humana? Y más aún, para abarcar esta situación y entrar en otras perspectivas. Otras perspectivas de sintonía como las que se dan en lo orante...; que la especie, a través del tiempo, ha establecido en forma de religiones. 

    Y, en consecuencia, un nuevo sectarismo. Porque cada religión va a establecer una forma o vínculo de sintonía con lo Innombrable; y de más está decir todas las guerras y dramas que se han ido creando y que se crean bajo esa... señal.

    Y para muestras actuales, más que actuales, está el momento de ese dramático conflicto entre el islam y el judaísmo. Y fíjense: la sintonía de cada uno está ahora condicionando un momento de calma, un momento de alto al fuego, por la llegada del tiempo del Rahmadán.

    La tantas veces proclamada por nosotros “necesidad de una sintonía orante entre religiones”, como proceso imprescindible para trascender a nuestro sectarismo, es el motivo de que se planteen posibilidades, ahora, de un alto al fuego... un cambio de prisioneros por secuestrados... Bien. Lo que en propaganda sabemos.

    Luego sí hay una influencia significativa en consciencia política, social, costumbrista...; llamémosle como queramos, pero que está ahí y que, en alguna medida, dentro de su torpeza, nos insinúa la necesidad sentimental de trascender a nuestras convicciones y dejarlas en un cotidiano y flexible proceder. Y no convertirlas en mazo y castigo, persecución y drama.

     

    Y posiblemente –en la lógica racional- en el comienzo de esta forma llamada “humana”, sapiencial, el ser trataba de sintonizar con lo invisible, con lo intangible: que daba el milagro de la siembra, la caza, el respirar, el descansar, el capacitarnos para realizar... 

    Podemos recurrir a estudios de paleontología, antropología... y demás “logias” de sabiduría, para afirmar que eso fue así. 

    Pero, ¿por qué no permaneció esa trascendencia? Aunque se supiera que la luz produce fotosíntesis, la luz son fotones que... bla, bla, bla, bla. Eso... ¿por qué eso debía anular la sintonía con el Misterio, con el Misterio Creador? Si eso, esa explicación de cualquier fenómeno que teóricamente conozcamos, depende de otros estadíos invisibles, como es la mera presencia de nuestro planeta en un lugar, sometido a influencias que desconocemos.

    Así que, si fuéramos consecuentes con la búsqueda de esa sintonía de sentires, de misterios, de sintonía de especie –de especie sexuada-, sin predominio, y con lo que tanto se cacarea ahora, de igualdad... 

    Otro error. 

    El Misterio Creador nos hizo, a cada uno, diferentes. Y la magia de la vida estriba en la sintonía de los diferentes, en el sincronismo de uno y otro, no ¡en la igualdad! La atracción se elabora entre los diferentes. La creación de nuevas perspectivas se elabora entre diferentes. El descubrimiento se instaura a través de los diferentes. Y, en consecuencia, los diferentes no tienen por qué enfrentarse, sino que tienen que encontrar el sincronismo que los une. Y así se genera una biodiversidad infinita. 

    Si, en cambio, entramos en esa perspectiva de que todo es igual, de que todos son iguales... 

    Ya no como reclamo. Ya no como reclamo de especie, sino como sentencia: “No, es que todos son iguales, todos van a por lo mismo, todos van a ganar, todos van a aprovecharse, todos van…”. No.

    Ese igualitarismo de especie nos lleva a la vulgaridad y nos aparta de lo excepcional. 

    Y nos fuerza a repetir lo posible, y nos quita la vocación de vivir lo imposible, que es lo extraordinario, lo excepcional, lo singular. 

    Podríamos decir que en nuestra sentida vocación sintónica está la sintonía con uno mismo, la sintonía con lo sexuado, la sintonía con lo trascendente, lo invisible, como a manera –a nivel didáctico- de aprendizaje y de descubrimiento de una trinidad... la cual nos permite abandonar la dualidad competitiva. 

    Sí; ese es uno de los elementos prácticos del Misterio del Tres, de lo trinitario. 

    Sí. En la medida en que se introduce lo trascendente en este caso –lo “más allá de la razón y del sentir”, lo “trascendido”-, lo dual se diluye. Ya, pierde su sentido; su sentido en cuanto a hacia dónde y cómo se desarrolla. Y hace que los sentires y las razones se reconcilien en una unidad trascendente. 

    ¡Quizás todo esto pueda quedar en palabras bien ordenadas y bien ensambladas!... razón por la cual hay que asimilarlo al instante o repetírselo varias veces, mucho tiempo, para doblegar esa tendencia de “así es... esto es así...”

    Ese trino que acompaña a todas las creencias, no suele practificarse como ahora lo escuchamos, que es el que disuelve el salto al Tres. Como ya decía Lao-Tsé: “Uno crea al otro, y el otro crea… y es todo lo que existe”.

    Podría decirse al revés: “Todo lo que existe se expresa en la dualidad y en cada ser. Y eso no implica confrontación, sino que supone diversidad, diferenciación”.

    La Llamada Orante nos promueve, nos propulsa hacia esa vivencia trinitaria en que lo sentido y lo pensado no compiten; se funden en una trascendencia, al sentirse necesitados, quizás guiados por esa invisible presencia. 

     

    Quizás ahora, ahora que “nos avisamos” de que [1]estamos a segundos de desaparecer, como la amenaza de las amenazas –que, por otra parte, aunque puedan parecer lejanas y los segundos sean cientos de años, están ahí-, sintamos y vivamos que queremos proseguir, que nuestra naturaleza nos invita... nos invita a proseguir, no a desaparecer, aunque en ese transcurrir, importantes seres se borran de ese trayecto, quizás porque no han sabido confluirse en esas dualidades; porque no han sabido sintonizarse en ese Misterio. 

    Podríamos decir orantemente –y con ello, íntimamente- que si estamos a segundos de desaparecer bajo la cruel ofensa de nosotros mismos, estamos a “infinitos” de desarrollar la sintonía con la Eternidad, con el Misterio Creador, con estados de consciencia que nos lleven a otras dimensiones. 

    Quizás por eso decimos que “está todo por hacer”: porque lo que se hace tiende a la desaparición, a la destrucción. 

    ***

     [1] En 2024, la Junta del Boletín de Científicos Atómicos –creadora en 1947 del Doomsday Clock- ha situado a la humanidad a 90 segundos del “apocalipsis”.

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  •  

    The Prayer Call promotes us towards harmony with all living matter.

    And in the beginning –without such a beginning existing, but as a form of understanding- this harmony is made in the species itself, to then discover the evident, necessary and essential harmony with the environment, which encompasses what is not strictly human.

    Tuning in involves entering into a common feeling. A common feeling of... support, help, solidarity, aid, protection... and that long etcetera that co-existence entails.

    And surely, in that state of harmony to which the Prayer Call takes us -and listening-, in theory there is agreement: it is agreed that it should be this way. But it is also evident that this is not what is happening, but rather, on the contrary, each being seeks its harmony with some other being -or more- but rejects, fights with others who are not of their lineage, locality, customs, religions, etc.

    Maybe... maybe we were wrong when it came to that common feeling.

    And if we started from Cain and Abel, obviously no... there was no common feeling, neither in Paradise nor after, but rather the opposite.

    But, nevertheless, the fact that the species -human living matter- is social, and requires each other, although they establish important unsupportive differences, without common sense, could be a mechanism or an evolutionary process.

    "It could". But it is taking... -for this human living matter- very long.

    And the equivalent of an unsupportive, derogatory and prejudiced second can be equivalent to hundreds of years of its elimination.

    So, on the one hand, there is “intellectually correct”, due to our capabilities, and the sentimentally sectarian, on the other.

    And as a universal example, it would be, that intellectually correct, “Human Rights Law” –in which human rights exist. But, sentimentally, rights are crooked: “human crookedness”.

    And there is no need to prove it; It's... so obvious!

    But at the same time, the intellectuality tries to achieve, to improve.

    In reality, it is a process of rapprochement between the felt and the intellectual, between wanting and loving, between feeling and thinking. We can find duality very easily.

    This duality leads us to a racism that goes from the most –we would say- “primary”, which is species racism: of the male species, with racism towards the female species.

    That doesn't have to be proven either. It is obvious.

    And it seems that one thinks, and the other feels.

    Although in reality both think and feel, the predominance of one faction over another, in the beginnings of a sexed species, makes harmony and reconciliation even more difficult.

    And given this disproportion, the felt seeks the mental: to develop in the mental; and renouncing, partly, “the felt”. And the mental aspect of the masculine becomes more powerful, and places “the felt” in the space of slavery; of a hidden slavery, of course!, fundamentally linked to reproduction, which is – and is later used- as another form of domination. And also linked to entertainment or pleasure.

    That's there.

    And the Prayer Call calls us to that first point that is usually avoided or assumed to be resolved, and we move on to other points such as... industriousness, comparison, equality... But if the former is not resolved! How are we going to tune in to the environment, if there is no harmony, there is no feeling of solidarity in the human living matter itself? And even more, to encompass this situation and enter into other perspectives. Other perspectives of harmony such as those that occur in prayer...; that the species, over time, has established as religions.

    And consequently, it is a new sectarianism. Because each religion will establish a form or link of harmony with the Unnameable; and obviously all the wars and dramas that have been created and are created under that... signal.

    And for current samples, more than present, there is the moment of that dramatic conflict between Islam and Judaism. And notice: the harmony of each one is now conditioning a moment of calm, a moment of ceasefire, for the arrival of the time of Ramadan.

    The so often proclaimed by us "the need for prayerful harmony between religions", as an essential process to transcend our sectarianism, is the reason to raise possibilities, now, of a ceasefire... an exchange of prisoners for kidnapped people... Good. What we know in propaganda.

    Then there is a significant influence on political, social, customs consciousness...; let's call it what we want, but it is there and, to some extent, within its clumsiness, it suggests to us the sentimental need to transcend our convictions and leave them in a daily and flexible procedure. And not turn them into a hammer and punishment, persecution and drama.

    And possibly –in rational logic- at the beginning of this so-called “human”, sapiential form, the being tried to tune in with the invisible, with the intangible: which gave the miracle of sowing, hunting, breathing, resting, qualifying us to perform...

    We can resort to studies of palaeontology, anthropology... and other "logies" of wisdom, to affirm that this was the case.

    But why didn't that transcendence remain? Even if it was known that light produces photosynthesis, light is photons that... blah, blah, blah, blah. That... why should that override the harmony with the Mystery, with the Creative Mystery? If that, that explanation of any phenomenon that we theoretically know depends on other invisible stages, such as the mere presence of our planet in a place, subject to influences that we are unaware of.

    So, if we were consistent with searching for that harmony of feelings, of mysteries, of harmony of species -of sexed species-, without predominance, and with what is so much vaunted now, of equality...

    Another error.

    The Creative Mystery made each of us different. And the magic of life lies in the harmony of differences, in the synchronicity of one and the other, not in equality! Attraction is elaborated between differences. The creation of new perspectives is elaborated between those who are different. Discovery is established through differences. And, consequently, those who are different do not have to confront each other, but rather have to find the synchronism that unites them. And thus, infinite biodiversity is generated.

    If, on the other hand, we enter into that perspective that everything is equal, that everyone is equal...

    Not as a claim anymore. No longer as a species claim, but as a sentence: “No, everyone is equal, everyone is going for the same thing, everyone is going to win, everyone is going to take advantage, everyone is going…”. No.

    This species egalitarianism leads us to vulgarity and separates us from the exceptional.

    And it forces us to repeat the possible, and takes away our vocation to live the impossible, which is the extraordinary, the exceptional, the singular.

    We could say that in our heartfelt syntonic vocation is harmony with oneself, harmony with the sexed, harmony with the transcendent, the invisible, as a way -at a didactic level- of learning and discovering a trinity... which allows us to abandon competitive duality.

    Yes; that is one of the practical elements of the Mystery of Three, of the Trinitarian.

    Yes. To the extent that the transcendent is introduced in this case –the “beyond reason and feeling”, the “transcendent”-, duality is diluted. Already it loses its meaning; its meaning in terms of where and how it develops. And it makes feelings and reasons reconcile in a transcendent unity.

    Perhaps all of this can remain in well-arranged and well-assembled words!... which is why you have to assimilate it instantly or repeat it several times, for a long time, to overcome that tendency of “this is how it is... this is so...”.

    That trill that accompanies all beliefs is not usually practiced as we hear it now, which is what dissolves the leap to Three. As Lao-Tzu already said: “One creates the other, and the other creates… and that is all that exists”.

    It could be said the other way around: “Everything that exists is expressed in duality and in each being. And that does not imply confrontation, but rather it implies diversity, differentiation”.

    The Prayer Call promotes us, propels us towards that trinitarian experience in which what is felt and what is thought do not compete; They merge into a transcendence, feeling needed, perhaps guided by that invisible presence.

    Perhaps now, now that we "warn ourselves" that we [1]are seconds away from disappearing, like the threat of threats -which, on the other hand, although they may seem distant and the seconds are hundreds of years, they are there-, we feel and live that we want to continue, that our nature invites us... invites us to continue, not to disappear, although in that passage, important beings are erased from that journey, perhaps because they have not known how to converge in those dualities; because they have not known how to attune themselves  in this Mystery.

    We could say prayerfully –and with it, intimately- that if we are seconds away from disappearing under the cruel offense of ourselves, we are “infinitely” away from developing harmony with Eternity, with the Creative Mystery, with states of consciousness that take us to other dimensions.

    Perhaps that is why we say “everything remains to be done”: because what is done tends to disappear, to be destroyed.

     

    [1] In 2024, the Board of the Bulletin of Atomic Scientists –creator of the Doomsday Clock in 1947– has placed humanity 90 seconds away from the “apocalypse”.

    ***

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    Nos llaman a orar, como impulso para descubrirnos... especialmente en nuestras relaciones con todo lo viviente. 

    Nos llaman a orar para que no seamos impedimento, no seamos contrincantes...; no seamos unos partidistas que inevitablemente confluimos en el daño. 

    La Oración se hace así una vía, una potencia de evolución, de sanación; puesto que, en la medida en que el ser recupera la bondad que le promocionó para estar en este plano de consciencia, en esa medida, su convivencia, sus relaciones, estarán regidas por el respeto, la admiración, el cuidado, la dedicación. 

    No queda –en consecuencia- la Llamada Orante, como algo de otro plano de... un momento de retiro y de consideración, sino que nos viene a decir intencionadamente, con la inspiración correspondiente, las atenciones que debemos prestar y prestarnos sin esperar devoluciones, para así estar en la sintonía de la calma, en la referencia de lo extraordinario, ¡de lo excepcional!... que es lo que representa cada ser. 

    El acontecer de recalar en este momento de la Creación... ya es un signo de extraordinario, excepcional y singular acontecer. 

    En consecuencia, el ser debe empezar por respetarse

    Sí. Se habla habitualmente del respeto hacia otros, pero el ser se falta al respeto cuando envidia, cuando cela, cuando persigue, cuando castiga, cuando promulga convivencias conflictivas, cuando no es un servidor eficiente, cuando deja de ser una bondad auxiliadora, cuando no se presta a darse y cuando trata de sacar rédito y beneficio; o cuando se apodera de algo, cuando se propietariza de afectos, de economías, de religiones, de dogmas... 

    En todos esos aconteceres, y muchos más, el ser habitualmente se falta al respeto a sí mismo. Porque no ha contemplado la excepcionalidad, la singularidad y lo extraordinario de su presencia: que es un equivalente, un emisario, un representante, un enviado para cumplir con unos haceres para los que viene con el diseño adecuado. 

    Y que le van a promocionar, a evolucionar y a... ser cada vez más extraordinario, más excepcional, más singular. Y no como habitualmente ocurre, que el ser se vuelve más vulgar, más común, más parecido. 

    Todo amor debe ser respetado, admirado, contemplado.

    Y, en consecuencia, si somos facilitadores de amor –que fue por lo que llegamos-, estaremos en condiciones de respetarnos y respetar...; de facilitar la conjunción, la concordia. 

    ¡Que no se queden esas palabras en el vacío especulativo!, sino que cada vez que aparezca la rabia, la envidia, la prejuiciosa actitud –porque no se hace el mundo para mí, sino que yo me tengo que hacer al mundo-... es menester el recogerse en la intimidad del auto-respeto. Porque en esa medida vamos a corresponder.

    Alegrarnos de los amores ajenos, de los planes ajenos. Que resulta que ¡no somos ajenos! Que se establece el criterio de “ajenos” como egoísmo y egolatrismo personal. Somos entidades –por pertenecer a la Especie Vida- solidarias, sociales, convivenciales, porosas. Es que, si no es así, si no fuera así, no se daría la vida como expresión admirable de tránsito, de sorpresas, de innovaciones, de ¡complacencias!

    Y se actúa habitualmente con el criterio de “problema”, con el criterio de “aversión”, con el criterio de “dogmatismo”; con esas premisas de ¡prejuicios! 

    Dejamos de ser viento que navega, que busca, que toca, que sigue... Dejamos de ser lluvia que alimenta... Dejamos de ser ¡luz que ilumina!, y que promociona nuestros sentidos. ¡Traicionamos a nuestros sentires!... con nuestros juicios visuales, auditivos, de sabor, de perfume, de ternura... 

    Se establecen cuidos egoístas, y se olvidan los cuidos llamados “ajenos”. 

    El ser no reconoce al otro como también un enviado, un representante, un equivalente, un... ¡un necesario para sí mismo! 

    Necesitados somos los unos con los otros, para poder descubrir, aprender, seguir, permanecer... Si no, caemos en la guerra, en esa que está hambrienta de amor, en esa que está hambrienta de pan, en esa que está hambrienta de prejuicios, en esa que está hambrienta de condenas. 

    Al respetarnos y al reconocernos como necesitados... Aunque en apariencia –en apariencia- no nos guste, no nos parezca bien, y sigamos diciendo: “Hace mal tiempo, hace buen tiempo, esto me gusta, esto no me gusta”... 

    Y el ser se atrinchera en su posición; en definitiva, pidiendo... pidiendo esclavitud al entorno, pidiendo aplausos a sus posiciones. Y el ser busca hacerse fuerte y sentirse ¡imprescindible!, y despachar a lo demás como... inútiles. 

    Sí. La Oración, la Llamada Orante, nos auxilia con palabras que transforman, con palabras que ¡sanan!, y que nos colocan en la posición... que no da por hecho que éste, aquél o el otro es así o asao, sino que espera... –en la medida en que se da- espera descubrir por qué… por qué me encuentro con esta situación, con esta otra, con esta persona, con esta circunstancia, con esta…

    ¿Acaso me he gestado a mí mismo...? 

    ¿Acaso todavía no me he dado cuenta de que el desarrollo de la vida, y su presencia, no es por mi participación o mis acciones? ¿Acaso no me he dado cuenta, aún, de que las personas, situaciones, acontecimientos, sucesos que tengo que vivir, acaso no me he dado cuenta todavía de que están ahí para mi desarrollo, para mi aprendizaje, para mi cuido? 

    ¿Acaso creo que es castigo, mala suerte...? ¿Sí...? 

    No querer darse cuenta. No querer seguir la pista de los aconteceres que se suceden para nuestra evolución, nuestra claridad. Para que en verdad seamos bondad de amor permanente, y no circunstancial u ocasional, dependiendo de los gustos aprendidos, de las culturas impuestas, de las costumbres dogmáticas. 

    ¡No somos consciencias esclavas!... de lenguas, costumbres, mitos... ¡No! Somos consciencias vaporosas, creativas, generosas, compartidas. 

    ¡Por favor! ¡Somos aliento –como viento- que respira! Y si no se respira, se asfixia, se angustia. 

    ¡Con ansiedad!, transita; ¡con miedo!, con tristeza, con la falta del [1]“entusiasmós” que supone la consciencia de vivir. De vivir. 

    Sí. Es un ‘al-ivio’ –un ‘al-ivio’- el sabernos de esa naturaleza... y tener esa referencia de universo y universal, de nuestro ser. Porque así no nos perdemos, no nos perderemos en dogmatismos, en manipulaciones y en controles de unos sobre otros. Y dejaremos de ser jueces que condenan, que castigan con pensamientos, con palabras, con obras, con omisión –como se suele decir- cuando des-transitamos en las vías liberadoras: en esas vías que no empiezan la jornada con “el problema”, “los problemas”, sino que empiezan las jornadas con el entusiasmo, con la excepción, con lo extraordinario, con lo novedoso, con lo afectuoso, con lo amoroso, con lo enamorado, con lo fantástico. 

    Veo, olfateo, saboreo... ¡toco la vida!...

    No podemos dejar de asombrarnos de nuestra naturaleza y, en consecuencia, de la naturaleza de los demás. 

    Dejemos de clasificar la vida, que “es así”, que las costumbres “son así”, que las leyes “son así”... 

    La Especie Vida no tiene –no tieneno tiene-... normas, leyes... No. La Especie Vida es liberada de los atascos, de las propuestas egoístas de cada uno. 

    La Especie de Vida –a la que pertenecemos- no se ha puesto ahí en el Universo para ser un problema y para ser un conflicto de miradas, de gestos, de actitudes, de palabras, de pistolas, de bombas o de cualquier otra barbarie. 

    Y es así que, si recogemos la oración como el remedio de referencia que nos potencia nuestra naturaleza, entraremos en una evolución sanante, sanadora. 

    Abandonaremos las actitudes castigadoras, prejuiciosas: dejar de ser el martillo hiriente que, por cualquier situación no adecuada para la egolatría personal, salta y... ¡protesta, se queja, grita!

    Un poco, ¡un poco!, ¡empezar por un poco de caridad hacia sí mismo! Eso se convierte en calidad, en nuestras prestaciones. 

    Concédase, orante, concédase un segundo de caridad. 

    Por el hecho de... amar. Un segundo. 

    Sabiendo que hay infinitos segundos... 

    Pues en alguno de ellos, por su caridad, aprecie a aquél, respete al otro, cuide del proyecto de aquéllos... 

    Sea valiente, y no se esconda. Sea evidente, sin proclamas. 

    Y es así que el Misterio Creador nos instaura... –y hay que darse cuenta de ello- nos instaura en su propia naturaleza: Misterio. Y nosotros tratamos de racionalizar y de especular y de saber cuáles son los planes divinos. 

    Y así no asumimos el misterio de nuestra propia configuración, sino que buscamos definirnos, con lo cual nos hacemos racistas inmediatos. 

    Todos recuerdan –seguro- la figura del mendigo... que pide, que invoca: “Una moneda, por el amor de Dios”

    En ese sentido, todos somos ¡mendigos! Y pedimos a unos y a otros, por el amor que el Eterno, que el Misterio Creador nos da, que seamos capaces de compartir, de entendernos, de conciliarnos. 

    “¡Una limosna?”. Cualquiera podría decir: “¿Nos vamos a convertir en pedigüeños de limosnas?”.

    ¿A ese punto ha llegado el radicalismo emocional y afectivo?: ¿que tenemos que pedir limosna para poder ejercitarnos como entes de amor? 

    Y así hemos sido creados. Y así podemos transitar. Pero ¡tanto se ha deteriorado!... que, sí, mendigos debemos ser. 

    Y limosnas. Limosnas de concordia, limosnas de convivencias, limosnas de sonrisas, limosnas de compartir, limosnas de convivir, limosnas de confluir, limosnas de asombro. 

    Sí, de ese asombro que nos hace ver, cada día, circunstancias, hechos y aconteceres que no sabíamos. 

    ¡Por caridad! Una limosna, ¡por amor de Dios!

    Un respeto propio, para un respeto continuo del entorno.

    Un mantener... un mantener el amar, sin el interés de tener, de tenerlo, de poseerlo, de manejarlo, de controlarlo. 

    Dejar que la vanidad se haga sedimento, y el agua quede clara.

    Que cada día sea el momento de despojarse de los residuos que se adhieren, de las actitudes que nos sujetan.

    Que cada día sea el nuevo universo que se ofrece. 

    Interesante detalle, ¿verdad? Que nos parece normal que no nos haya dinamitado un meteorito o cualquier otra “barbarie” –“barbarie” entre comillas-.

    Misteriosa, sí, misteriosa... Presencia Creadora... que nos contempla en nuestro desvarío. Y pareciera que no importara. Pareciera que hasta tenemos libre albedrío. Pareciera. 

    Sin duda, es la estrategia de lo Eterno para que inevitablemente nos encontremos con Él... ¡de bruces!

    Dejémonos sorprender, sin disparar antes de escuchar. Dejémonos sorprender del transcurso, y dejemos de aplicar criterios vulgares; de esos que se dan por zanjados, de esos que dicen: “Esto es así y así y así”.

    Dejemos que las evidencias del Misterio que nos lleva, nos muestren la calidad de vivir, la caridad por dar, la limosna que recibir y que dar. 

    No abandonar la excepcionalidad del instante, lo extraordinario del acontecer, lo insólito, lo singular.

    Sí, vida de mendigo errante que, “por amor de”... nos hace abrirnos en nuestras conciencias hacia los vínculos liberadores: aquellos que sirven, que se apoyan unos a otros, que se sienten unidad de Misterio. 

    Y al sentirnos unidad de Misterio, nos expresamos en él Ámen, Amén, Amen....

    Unidad de Misterio: Ámen, Amén, Amen.

     

    [1] En griego: “arrobamiento o éxtasis inspirado por la divinidad”.

    ***

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    We are called to pray, as an impulse to discover ourselves... especially in our relationships with all living things.

    We are called to pray so that we are not impediments, we are not opponents...; we are not partisans who inevitably converge in harm.

    Prayer thus becomes a way, a power of evolution, of healing; since, to the extent that the being recovers the goodness that promoted him to be on this plane of consciousness, to that extent, his coexistence, his relationships, will be governed by respect, admiration, care, dedication.

    Consequently, the Prayer Call does not remain, as something from another plane of... a moment of retreat and consideration, but rather it comes to tell us intentionally, with the corresponding inspiration, the attention that we must pay and give to ourselves without expecting returns, in order to be in tune with calm, in the reference of the extraordinary, of the exceptional!... which is what each being represents.

    The event of landing at this moment of Creation... is already a sign of extraordinary, exceptional and singular occurrence.

    Consequently, the being must begin by respecting itself.

    Yes. We usually talk about respect for others, but self-respect is lacking when one envies, when one is jealous, when one persecutes, when one punishes, when one enacts conflictive coexistence, when one is not an efficient servant, when one stops being a helping goodness, when one does not lend oneself to giving oneself and when one tries to obtain revenue and benefit; or when one takes over something, when one takes ownership of affections, economies, religions, dogmas...

    In all these events, and many more, the being habitually disrespects itself. Because one has not contemplated the exceptionality, the singularity and the extraordinariness of one’s presence: that is an equivalent, an emissary, a representative, an envoy to fulfil tasks for which one comes with the appropriate design.

    And they are going to promote it, evolve and... become more and more extraordinary, more exceptional, more unique. And not as usually happens, that the being becomes more vulgar, more common, more similar.

    All love must be respected, admired, contemplated.

    And, consequently, if we are facilitators of love -which is why we came here-, we will be in a position to respect ourselves and respect others...; to facilitate conjunction, concord.

    Let those words not remain in a speculative void! But whenever anger, envy, prejudiced attitude appear -because the world is not made for me, but I have to make myself for the world-... it is necessary to retreat into the intimacy of self-respect. Because to that extent we are going to correspond.

    Rejoice in other people's loves, in other people's plans. It turns out that we are not strangers! The criterion of “others” is established as selfishness and personal egotism. We are entities –because we belong to the Life Species- supportive, social, convivial, porous. Otherwise, if it were not so, life would not be given as an admirable expression of transits, of surprises, of innovations, of complacencies!

    And we usually act with the criterion of “problem”, with the criterion of “aversion”, with the criterion of “dogmatism”; with those premises of prejudices!

    We stop being the wind that sails, that searches, that touches, that follows... We cease being the rain that nourishes... We cease being the light that illuminates!, and that promotes our senses. We betray our feelings!... with our visual, auditory, taste, perfume, tenderness judgments...

    Selfish care is established, and so-called “other people” care is forgotten.

    The being does not recognize the other also as an envoy, a representative, an equivalent, a... a necessary for oneself!

    We are in need of each other, to be able to discover, learn, continue, remain... Otherwise we fall into war, a war that is hungry for love, in that which is hungry for bread, in that which is hungry for prejudices, in that which is hungry for condemnations.

    By respecting ourselves and recognizing we are needy... Even if on the surface -apparently- we don't like it, it doesn't seem good to us, and we keep saying: "the weather is bad, the weather is good, I like this, I don't like this" …

    And the being entrenches itself in its position; in short, asking... asking for slavery to the environment, asking for applause for its positions. And the being seeks to become strong and feel essential!, and dismiss others as... useless.

    Yes. Prayer, the Prayerful Call, helps us with words that transform, with words that heal!, and that place us in the position... that does not take for granted that this one, that one or the other is this way or that, but it waits... -to the extent that it occurs- waits to discover why... why I find myself in this situation, with this other one, with this person, with this circumstance, with this...

    Have I created perhaps myself...?

    Have I not yet realized that the unfolding of life, and its presence, is not due to my participation or my actions? Have I not realized, yet, that people, situations, events, happenings that I have to experience, have I not yet realized that they are there for my development, for my learning, for my care?

    Do I think perhaps it’s punishment, bad luck...? Yes...?

    Not wanting to realize. Not wanting to keep track of the events that occur for our evolution, our clarity. So that we truly are permanent kindness of love, and not circumstantial or occasional, depending on learned tastes, imposed cultures, dogmatic customs.

    We are not slave consciousness!... of languages, customs, myths... No! We are vaporous, creative, generous, shared consciousness.

    Please! We are breath –like wind- that breathes! And if one doesn't breathe, we get suffocated, and become anguished.

    With anxiety!, it transits; with fear!, with sadness, with the lack of “[1]entusiasmós that the consciousness of living entails. To live.

    Yes. It is a relief -a 're-lief'- to know us as of that nature... and to have that reference of the universe and universal, of our being. Because this way we do not get lost, we will not get lost in dogmatisms, in manipulations and in controls of some ones over others. And we will stop being judges who condemn, who punish with thoughts, with words, with deeds, with omissions -as they say- when we de-transit along the liberating paths: on those paths that do not begin the day with “the problem”, “the problems”, but rather the days begin with enthusiasm, with the exception, with the extraordinary, with the novel, with the affectionate, with the loving, with the enamoured, with the fantastic.

    I see, I smell, I taste... I touch life!...

    We cannot help but be amazed at our nature and, consequently, at the nature of others.

    Let's stop classifying life, that "it is like this", that customs "are like that", that laws "are like that"...

    The Species Life does not have -does not have, does not have-... rules, laws... No. The Species Life is freed from clogs, from the selfish proposals of each one.

    The Species Life –to which we belong- has not been put there in the Universe to be a problem and to be a conflict of looks, gestures, attitudes, words, guns, bombs or any other barbarity.

    And so, if we take prayer as the reference remedy that enhances our nature, we will enter into a healing evolution.

    We will abandon punishing, prejudiced attitudes: stop being the hurtful hammer that, due to any situation not suitable for personal egoism, jumps and... protests, complains, shouts!

    A little, a little!, start with a little charity towards yourself! That becomes quality, in our service.

    Give yourself, prayerful one, give yourself a second of charity.

    For the fact of... loving. One second.

    Knowing that there are infinite seconds...

    Well, in one of them, out of your charity, appreciate others, respect the other one, take care of the project of those other people...

    Be brave, and don't hide. Be evident, without proclaiming it.

    It is how the Creative Mystery establishes us... -and we must realize this- establishes us in its own nature: Mystery. And we try to rationalize and speculate and to know what divine plans are.

    And thus, we do not assume the mystery of our own configuration, but rather we seek to define ourselves, thereby becoming immediate racists.

    Everyone remembers –for certain- the figure of the beggar... who asks for, who invokes: “A coin, for the love of God”.

    In that sense, we are all beggars! And we ask each other, for the love that the Eternal, the Creative Mystery gives us, that we may be able to share, to understand each other, to reconcile.

    "Alms?". Anyone could say: “Are we going to become beggars?”.

    Has emotional and affective radicalism reached that point?: that we have to beg for alms to be able to exercise ourselves as entities of love?

    That way we have been created. And that the way we can transit. But it has deteriorated so much!... that, yes, we must be beggars.

    And alms. Alms of concord, alms of coexistence, alms of smiles, alms of sharing, alms of living together, alms of coming together, alms of amazement.

    Yes, that amazement that makes us see, every day, circumstances, facts and events that we did not know.

    For charity! Alms, for God's sake!

    Self-respect, for continuous respect of the environment.

    A maintenance... a maintenance of love, without the interest of having it, of taking it, of possessing it, of managing it, of controlling it.

    Letting vanity become sediment, and the water be clear.

    Let each day be the time to get rid of the residue that cling, of the attitudes that hold us down.

    Let each day be the new universe that is offered.

    Interesting detail, right? That it seems normal to us that we have not been blown up by a meteorite or any other “barbarism” – “barbarism” in quotes-.

    Mysterious, yes, mysterious... Creative Presence... that contemplates us in our madness. And it seems like it doesn't matter. It seems that we even have free will. It would seem.

    Without a doubt, it is the strategy of the Eternal so that we inevitably meet Him... face to face!

    Let's allow ourselves to be surprised, without shooting before listening. Let us be surprised by the progress, and stop applying vulgar criteria; of those who consider themselves settled, of those who say: “This is like this and like this and like this”.

    Let the evidence of the Mystery that leads us, show us the quality of living, the charity to give, the alms to receive and to give.

    Do not abandon the exceptionality of the instant, the extraordinary nature of the event, the unusual, the singular.

    Yes, the life of a wandering beggar that, “for the love of”… makes us open in our consciences towards liberating bonds: those who serve, who support each other, who feel the unity of Mystery.

    And when we feel unity of Mystery, we express ourselves in the [2]Amen, Amen, Amen....

    Unity of Mystery: Amen, Amen, Amen.

    ***

     

    [1] In Greek: “rapture or ecstasy inspired by divinity.”

    [2] The declaration “Amen” is used in a double sense also meaning here “to love”.

    Seguir Leyendo...

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Meie palved ei kuulu ühegi religiooni alla. Usume, et Palve võib olla Vabastav ja Tervendav vahend. Ja tema viitepunktiks on Looming, erinevad Jõud, mis hingestavad meid, nimetamata ühte- või teistmoodi. Usk, et Palve on meie jaoks hädavajalik element, viis meid ainult palvele pühendatud ruumi-: „Valguse Heli Maja“- loomisele, mis asub Baskimaal, Vizcayas, talumaja ruumes. Seal viiakse läbi palvekohtumisi ja tagasitõmbumise päevi.

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