Sembrador sembrado, resembrado

 

Las espigas del trigo… enarbolan su cosecha “ciento por uno”, sin temores al viento.

¿Qué enarbola el sembrador? ¿Dónde está su cosecha? ¿En dónde siembra su semilla, su intención?

Si tanta generosidad se hace por intermedio del sembrador, ¿cuánta… cuánta generosidad será capaz de mostrar, ejercitar y ofrecer… el que siembra?

Y ¿qué espera…? ¿Qué espera, la Creación, de la siembra Humana?

Si el trigo devuelve “ciento por uno”… ¿cuánto devuelve cada ser? ¿Cuántos recursos alberga cada humanidad? ¿Y cuánto –a bien ser- debería… ¡mostrarse!?

 

Somos simientes de un Sembrador Eterno…

Llevamos la propulsión… de “infinitos, por uno”.

Cada ser es portador de la consciencia creativa… de una Creación Insondable de Aliento de Misterio.

Cada ser de humanidad es cosecha de alimento… para cada ser de encuentro; para cada realización.

Cada ser –desde su intimidad-, con su estar y con su hacer, es la expresión de la Gran Cosecha; de un gran alimento; del nutriente generoso por excelencia…

De ahí que, en cada amanecer, cada uno –desde su íntima consciencia de que es, desde su estar sensible y desde su hacer solidario- se muestre como esa cosecha… dispuesta y disponible para alimento ¡de todo lo que se encuentre!

“Soy alimento en la sonrisa”. “Soy nutriente… en la ayuda”. “Soy alimento de travesía, en mis palabras… ¡y en mi ánimo!”.

Y lo que alimenta, ¡hace crecer! Desarrolla recursos hacia cualquier necesidad.

 

Sentirse nutriente, alimento y simiente… es ser un reconfortante y ¡alentador vivir!, para el que precisa de alimento y para el que ¡da!…  y se hace ofrenda con su ser.

 

Como nutriente, como alimento, como semilla… en presencia, ya, animo; en utilidad, ya, sirvo; ¡en ofrenda!… sigo; ¡continúo!

Soy oferta de caricias que… ¡suspiran! Y, así, nos hacemos respiro continuo y permanente. Así, nos “fundimos” en un Aliento de vida que promueve el vivir… y que nos hace sentirnos… ¡sentirnos en permanente utilidad!; en constante ¡muestra!; en permanente ofrenda.

 

Y cada ser, al amanecer, puede decir que es un sembrador ¡sembrado!...

Sembrado de necesidades; sembrado de ¡suplir necesidades!; sembrado viviente, de Amor… ¡Porque enamorado ha de estar!, si en caricias se da; si en nutrientes se ofrece.

 

Sobre el sembrador sembrado, también se siembra: “sembrador sembrado, resembrado”.

Así, cada uno se hace bosque, se hace selva, se hace mar, se hace río, se hace lago, se hace… ¡una oferta de vida!

La cosecha de humanidad no se agota

Aun siendo un quantum de reflejo de la cosecha de la Creación, en este Universo infinito, sus recursos de sembrador sembrado y resembrado se hacen… ¡permanentemente renovados!

¡Que nadie deje pasar su tiempo fértil! ¡Que nadie almacene con soberbia y vanidad! ¡Que nadie reniegue… ser regazo de verdad!

¡Que la Eternidad nos contempla! Que el sembrador de universos nos ¡ojea!… a la vez que nos mima, alienta y alimenta con ese halo de suspiro misterioso.

 

¡Ay! No dejes que tu simiente se arruine por prejuicios, por temores, o resabios rancios. Eres mimo, y lo precisas –eres mimo, y lo precisas- para seguir siendo ofrenda.

Si dejas de ser cosecha, ¿qué… qué dirás cuando el Gran Sembrador pregunte por ti? –Y todos los días lo hace-. ¿Qué dirás…? ¿Que te engañaron? ¿Que te mintieron? ¿Que la culpa fue de otro? ¿Que no te diste cuenta? ¿Que , pero… no?

¿Qué excusa puede haber… en un sembrador sembrado, resembrado? ¿Acaso la tiene? ¿Tiene alguna excusa?

 

Es la esclava vanidad de la posesión soberbia, de la autoestima exagerada, la que es una excusa permanente… ¡que se niega!, ¡que se reniega!, ¡y reniega “de”…!

 

Se va dejando la recolección, para “luego”, para “¡más tarde!”, para “mañana”, para “¡otro día!”, para “¡ya veremos!”, para “no lo sé”, para “no lo entiendo”

“Para”. ¡Parando!

Y al parar la recolecta de nuestra cosecha, gestamos ¡hambre!; ¡gestamos desespero!, ¡pobreza!, ¡miseria!, ¡drama!...

 

No ha de perderse ¡ni un solo grano! Cada uno representa una Infinita Eternidad…

Guardarlos, ¡esconderlos!, secuestrarse a sí mismo… en un acto de poderosa soberbia, ¡es negarse a lo que se es!… y es pretender llevar cosecha tardía, que se hace rancia –¡que se hace rancia!- y que ya no alimenta.

Más bien ha de tener la alforja, vacía: señal de que ha sembrado. Otro se la llenará de simiente ¡nueva! Y, así, a la vez… ¡se estará vacío y pleno!

¡Vida!...

 

Y el orar se hace lluvia, se hace sol, se hace rocío; se hace… tierra de recogida ansia.

El orar, se hace… lo que posibilita sembrar; resembrarse; dejarse… dejarse mostrar, mostrarse y ofrendarse.

Y ¡el orar!, se muestra como… el útil del labriego, para sembrar, cosechar y… ¡y dar!

TIAN

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